DESCONECTADAS DE NUESTRA NATURALEZA Y PODER PERSONAL

Qué gran descubrimiento cuando comencé a indagar en el mundo de la feminidad sagrada y pude comprender la historia llena de magia, misterio, poder y represión que ha vivido la mujer a lo largo de la historia y de su paso por la tierra.

Hoy quiero compartir con vosotras la información que más me ha resonado y que más he integrado como verdad en mi existencia, como si al leerlo, algo dentro de mí hubiese asentido diciendo “Así fue” y lo peor de todo… que en algunos países así sigue siendo.

Antiguamente cuando el ser humano vivía y convivía en tribus, aldeas y pueblo pequeños la mujer tenía un papel importante y fundamental. Nutría, protegía, amamantaba y criaba no solo a los niños de la aldea sino también a las cosechas y la aldea en la ausencia del hombre que marchaba a cazar y a combatir si se encontraban en situación de conflicto.

Cuando la mujer menstruaba en pueblo como los indios Lakota, la mujer se retiraba y pasaba el periodo de menstruación sola y sembraba su luna (su menstruación), es decir, antiguamente se comprendía el poderoso acto de entregarle a la madre tierra nuestra sangre menstruación como acto de purificación, de conexión, de limpieza y sanación de las memorias ancestrales.

En la etapa de la menstruación, la mujer entraba en estado de consciencia muy elevado, aumentando su conexión con el mundo no visible, con lo onírico, con los elementales…etc.

Frente a este poder femenino el hombre comenzó a sentir miedo, miedo de perder su poder y miedo hacia la propia mujer, es por esto que a medida que los años fueron avanzando, el hombre convirtió a la figura de la mujer menstruando como un acto impuro, oscuro, tenebroso y peligroso para el pueblo.

Incluso se hacía relación entre el diablo y la mujer y es por ello que muchas eran quemadas o tachadas de realizar actos demoníacos.

En occidente curas y sacerdotes conocían el poder de la mujer y su conexión con lo espiritual y por miedo a perder el poder sobre el pueblo, en muchas sociedades comenzaron a castigar, rechazar, ridiculizar y bien sabemos… quemar viva a toda mujer que pudiese suponer un peligro para el sometimiento oculto y manipulación del pueblo del que habían gozado hasta entonces.

En las tribus comenzaron a expulsar a la mujer cuando estaba menstruando, pero no ya como un acto mágico y respetuoso, sino como un acto de rechazo donde no se las permitía ni cocinar, ni cuidar a los hijos, ni realizar ninguna actividad que su manchado pudiese tintar de oscuridad y muerte.

Así comenzaron las primeras sociedades patriarcales y así la mujer comenzó a perder su poder, su conexión con la tierra, con su energía creadora y con el misterioso mundo invisible. Y así es como la sociedad ha ido avanzando, desconectada, con miedos, manipulada, engañada y lo peor aún… creciendo una competitividad entre mujeres que tras los años 70, en Europa y Estados Unidos, comenzaron a revindicar sus derechos como mujer, con la pena de que casi se vieron obligadas a convertirse en hombres y apostar por estar dotadas de las mismas capacidades físicas, energéticas y emocionales para poder obtener puestos de trabajo dignos y deseados por ellas.

Sabemos que gracias al impulso feminista que tuvimos hace unos años la mujer consiguió cosas tan básicas como poder votar o tener cargos directivos de empresas, salir de casa, conducir…etc. pero en toda esa revolución social, nos olvidamos de lo más importante, mantener las costumbres y tareas del hogar. La mujer ya no tenía tiempo para cocinar, para coser, para cuidar a los niños, para cuidar el hogar ni por supuesto tener espacio y soledad para sus días de menstruación, su vida se había convertido también en productividad, salir a cazar, obtener recursos y además de todo esto, hacerlo desde la energía femenina, lo cual es un ir contra la corriente.

No quiero decir con esto que la mujer no deba tener empleo, ni traer el dinero a casa, que nadie me mal entienda, por supuesto que la idea de que la mujer en los años 70 comenzase a ser un bastón más en la economía de hogar y pudiese realizar sus deseos y trabajar en aquello que desease es sin duda, lo que nos ha sido concebido con derecho divino. Lo que intento explicar es que debido a la presión del hombre y a lo difícil que se lo puso a la mujer en aquel entonces por alcanzar sus derechos, la mujer se vio obligada a demandar igualdad, cuando lo que realmente quería el colectivo femenino era equidad.

Ahora la sociedad está confundida, las mujeres han desarrollado tanto su papel masculino en la sociedad, que si trabajan y son madres, las empresas las dan unos meses de lactancia y a volver a producir en el trabajo. Esto es un asesinato para el bebé, va en contra de la naturaleza y genera unos desequilibrios tanto en el bebé como en la mamá fuertes, que nos desconectan aún más de nuestra verdadera esencia.

Ahora la mujer que menstrua, tanto si se siente cansada, como molesta con dolores de útero o cabeza, tiene que ir a trabajar y a ninguna se le ocurre llamar al trabajo diciendo, hoy necesito descansar, mi cuerpo está de luto, o mi energía es densa y no puedo pensar. Muy pocas mujeres gozan del privilegio de poder organizar sus labores de trabajo en función a su menstruación y la realidad, y muchas terapeutas y expertas en feminidad sagrada y menstruación consciente lo han comprobado, es que cuando no respetamos la fase de la menstruación que nos trae el ciclo, acabamos arrastrando emociones, bloqueos, miedos, dolores físicos a la siguiente fase del ciclo y acabamos viviendo una vida del revés, sin entender qué nos pasa, porqué nos enfadamos con nuestra pareja, porqué estamos cansadas, porqué necesitamos soledad cuando la necesitamos, o porqué somos mucho más productivas en nuestra fase de pre-ovulación que en nuestra fase de menstruación, por ejemplo.

Gracias a Dios el movimiento de mujeres que comienzan a despertar ya está aquí y cada vez son más las mujeres que conectan con su poder, con su menstruación y que comienzan a entender sus fases en el ciclo, su conexión con la luna y sus aguas internas e incluso estamos recuperando la tradición de sembrar la luna (nuestra menstruación) en la tierra, como un acto de sanación de las memorias que recoge el útero y un acto de amor a la madre tierra y hacia la humanidad, ya que sembrar la luna de la mujer es sanar las aguas (las emociones) de toda la humanidad y apostar porque a partir de ahora la sangre que reciba la tierra por parte de los seres humanos sea sangre llena de nutrientes, llena de vida, de amor, de creación y no sea la sangre derramada por las guerras.

Estamos en un precioso momento de cambio en la humanidad, lento, pero seguro y te invito que como mujer comiences a indagar más sobre la feminidad sagrada y como hombre, comiences a comprender como es una mujer, sus ciclos, su energía y así puedas también recuperar tu lugar en la sociedad y en relación a lo femenino, pues el hombre a nivel inconsciente, también se encuentra perdido ya que se ve obligado a competir con hombres con tetas y ante una mujer muy muy masculinizada, el hombre se asusta y pierde su papel de varón, pero de este tema hablaré en el siguiente artículo.

Te abrazo con todo mi corazón

Saray Fanego
Creadora del proyecto Ciudadanos del Universo

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Publicado en Mujeres.